La verdad es que la falta se deja de notar rápido, y la pantalla de inicio cumple bien su función. Si bien la integración con las aplicaciones (de escritorio y tipo Windows 8) instaladas desde otras cuentas puede ser confusa y, por ejemplo, los iconos de Office solo se ven en el usuario que los instaló, tan pronto como entendemos que alcanza con escribir una letra para ver la lista completa el problema se termina.
Sin embargo, lo que más cuesta es acostumbrarse a la falta del icono [Equipo] y al menú (y la lista) [Reciente] del viejo menú. Una primera solución a esto es crear iconos en el escritorio, pero si uno llega a entender que el anclado de elementos es lo que realmente se recomienda, todo empieza a funcionar mejor.
El anclado apareció en Windows 7 como parte del menú Jump de cada icono activo en la súper barra. Si usamos esa idea –el anclado, que se lleva a cabo con un simple arrastrar y soltar sobre el ícono del programa o componente disponible en la barra– para los documentos (planillas de cálculo en Excel, por ejemplo) y elementos (una carpeta en el ícono Bibliotecas, por caso), rápidamente veremos que un clic derecho sobre cada aplicación nos acerca un sinfín de posibilidades. Además, en cada menú Jump hay una lista de recientes que podemos anclar con el botón de la chinche, llamado [Anclar a esta lista].
Tan pronto como empecemos a anclar veremos cuán irrelevante era el menú Inicio, y cómo con unos pocos programas anclados a la barra tenemos todo nuestro material de trabajo más a mano que nunca.